Introducción

Siempre he querido tener un espacio en el que pueda publicar mis escritos para aquellos que los quieran leer, no sigo reglas y simplemente dejo a mi imaginación que escriba lo que quiera decir. Escribo de todo, de la vida, bitácoras de viajes, lo que me preocupa y mil cosas más. Bienvenidos a todos aquellos que quieran conocer mi mundo!

martes, 14 de diciembre de 2010

CUBA

Todos me preguntan que tal Cuba, como te fue, que tal la situación, en fin…

Yo les quisiera contar tantas cosas que viví allá, tantas emociones y vida que encontré en un pueblo donde el hambre y la lucha han ido de la mano durante muchos años. Ir a Cuba era una de esas cosas que siempre había querido hacer pues siempre ha sido parte de mis ideales, de mis gustos por la música, el cine y su gente. Hoy por fin he cumplido mi sueño, lastima que ya pasó, y quiero comentarles lo que viví y aprendí en un mes que estuve de visita en un país que parece haberse detenido en el tiempo.  

El 17 de Marzo me monté en un avión rumbo a la Habana - Cuba, llena de expectativas, con mi libro del Che en la maleta y llena de ilusionas por llegar lo antes posible. La aventura la emprendí en compañía de dos compañeros más que también iban a estudiar en la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de lo Baños. Con Lina, que poco entendía de la situación en Cuba y que creo fue a la que más le sirvió el viaje, y Andres. Todos estábamos a la expectativa.
Cuando aterrizó el avión, yo sentí como un cosquilleo en el estómago y automáticamente las lagrimas salieron de mis ojos de la emoción. Aquel momento tan esperado por mí ya era un hecho, ya estaba en Cuba!!!

Nos bajamos los tres del avión, pasamos inmigración, cambiamos los Euros por CUC (la moneda cubana para el turista) y salimos rumbo a la escuela. Cuando llegamos nos instalamos y de inmediato hicimos planes para ir a la Habana al siguiente día. A la capital del sol llegamos Andres, Lina, Alejandra (una de mis compañeras de apartamento) y Osmey un Cubano que nos iba a hacer el tour por aquella ciudad que en alguna época había sido la más bella del Caribe como traduce su nombre. Apenas entramos al casco urbano y por la ventana del bus empecé a ver los carteles de promoción del movimiento del 26 de Julio, las frases y la cara del Che en cada esquina, las frases de Fidel, y todas esas insignias de revolución que conocía tan bien, la emoción aumentó y sentí que era la mujer más feliz del mundo por haber podido cumplir mi sueño, estar ahí. Cuando nos bajamos no podía quedarme sin comer un helado en Copelia, aprovechando que no había fila entramos a la famosa heladería escenario de tantas películas cubanas y tan cubana como Fidel, y me comí un helado con sabor a piña. Cada día tienen un sabor diferente según la disponibilidad de materia prima que tengan. Luego vimos el Hotel Habana Libre, el antiguo Hotel Hilton que fue allanado en el 59 por Fidel, el Che, Camilo, Raul y otros revolucionarios que hicieron de este el cuartel de gobierno mientras salía la gente de batista del Capitolio Nacional. Los gerentes del Hotel fueron expulsados y este pasó a ser posesión del gobierno transformando su nombre al de Habana Libre. El hotel justo en frente de la Heladería Copelia y a pocas cuadras del malecón, se impuso majestuoso con su historia ante mis ojos. Luego seguimos nuestro recorrido y encontramos el mar cercado por el malecón, aquel mar que alguna vez había recibido al Granma y a los revolucionarios que venían en él por otro lado de la costa eso sí. Caminamos por varias horas y encontré una ciudad que a pesar de las ruinas se mantiene en pie con palos, que a pesar de los años y del abandono ha guardado su escencia, su belleza más primitiva, y el calor humano de su gente. Esa es la Habana que encontré ese día, una hermosa Habana que a pesar de la lepra que la consume, guarda su belleza por ella misma. Caminamos y encontramos el Barrio Chino. No se imaginan lo divertido que es ver a un oriental hablando como cubano y llamando a sus amigos como Asere!!. Es extraño pero perfecto. Hace parte de todas las contradicciones que se pueden encontrar en Cuba. Seguimos y me impresionó encontrar niños en la calle jugando al Béisbol llenos de sonrisas. Ver a los hombres trabajando y cuando nos veían pasar lanzaban un piropo y te hacían sentir como en casa, bienvenido. Encontrar en cada esquina un hombre que tocaba algún instrumento, y te cantaba una hermosa canción. A pesar del panorama que ves, te inyectas de felicidad y te provoca bailar en cada instante. Mis hombros se movían solos a cada minuto con cada son, con cada tambora, con cada canción. Todos te sonríen y te dan el mejor regalo que te pueden dar, una lección de vida: “No tenemos mucho que comer, no tenemos mucho que ofrecer, pero nos mantenemos en pie sonriendo”. ¿Que mejor lección y que mejor regalo te pueden dar? Nada más. El Barrio Chino, aunque pareciera que solo es una calle porque solo una calle tiene decoración oriental, es grande y lo recorrimos en su totalidad. Al final llegamos a un buen restaurante y comimos unos deliciosos camarones que nos supieron a Gloria, acompañados de una fría y deliciosa cerveza Bucanero. Cuando salimos y continuamos nuestra travesía ante nosotros se presentó el majestuoso Capitolio Nacional. Una construcción que no puedes dejar de mirar, y que te parece increíble encontrar. Una construcción en piedra y Mármol traídos de Francia. Allí declararon al Che Ministro de Economía y presidente del Banco de La República Cubana. Allí fueron tantas reuniones con los rusos para plantear un solución al bloqueo, aunque era complicado porque los rusos desde hacía más años que Cuba estaba bloqueado. Tanta historia frente a mi, y yo tan pequeña al frente de semejante obra de arte de la arquitectura mundial. Pero no menos majestuoso al lado del capitolio está el teatro de la Habana, la casa del Valet Cubano. Una construcción llena de esculturas tan hermosas y plenas de belleza que uno no se imagina. Lo triste es que a diferencia del Capitolio, el teatro está un poco más deteriorado aunque igual conserva su belleza. Sí… Esa fue la Habana que encontré ese día, una hermosa Habana por sus majestuosas construcciones a pesar de su deterioro, y de gente que te enseña a vivir. El lema es: “por los problemas que no tienen solución es mejor no preocuparse y en cambio vivir cada minuto como si fuera el último porque mañana no sabemos que pueda pasar”. Cuba te llena de vida y te inyecta dinamita en la sangre, quieres vivir, quieres bailar, quieres abrazar y hasta llorar. Ese día regresé a la escuela y no podía creer el día que había pasado al lado de la historia de un país que llevaba siguiendo desde hacía tanto tiempo.

Luego empezó el curso y conocí a mis compañeras de apartamento. A partir del día que nos conocimos nos convertimos en grandes amigas. Ojalá y la distancia no nos deje olvidar lo felices que fuimos juntas y no nos deje olvidar todo lo que nació en un mes. Llegaron los amigos, los amores, las fiestas al son de Bucanero y Ron, los cigarrillos, los habanos, el baile, el son, el reguetón, las clases y en fin. Eso sí no perdíamos oportunidad para ir a la Habana a visitar los emblemas de la revolución, los atardeceres en el Malecón que hay quienes dicen que aquellos amantes que se besan en el Malecón serán amantes por el resto de la existencia así sea solo en el recuerdo. Cuba tiene una magia en el ambiente que solo es percibida por aquellos que la quieren percibir, por aquellos que la buscan y cuando se vive te envuelves en ella y ya es difícil desligarte de ese encanto. Cada ida a la Habana era una experiencia diferente. Cada vez vivías algo que te marcaba, los santeros en las esquinas, los soneros en las plazas y hasta en las puertas de las casas. Eso sí necesitas más de un día para conocerla toda. En el centro de la ciudad vieja encuentras la Catedral, hermosa, antigua, imponente y verla a media luz en medio de un atardecer rojo típico de la Habana es algo que no puedo explicar. Cuanta historia en una Catedral, cuantos amores se pudieron consumar en esa iglesia. Que hermoso espectáculo. Y para disfrutarlo mejor, pedir un mojito, sentarte en la plaza y verla sin cansarte de hacerlo. Y si sigues caminando encuentras todos aquellos libros del Che, su historia, la de Sandino y la música que te llena de vida. Calles que en cada puerta hay un establecimiento y suena un son diferente en cada uno. Esa es mi Habana. Y que decir de La Plaza de la Revolución!!! Aquella plaza donde tantas veces se ha reunido el pueblo Cubano para oír a su comandante Fidel promulgar sus discursos famosos de 10 horas. Esa plaza que al frente de Fidel hay una inmensa imagen del Che que te recuerda su emblemática frase “Hasta la Victoria Siempre”.  

Y sigues recorriendo la ciudad y hablas con la gente que te abre su corazón, para encontrar en ellos historias tristes que no logran apagar sus sonrisas, y te preguntas ¿Cómo hacen para seguir? Encuentras alegría, nostalgia, lucha, tristeza, pero siempre al final te rematan con una sonrisa y te dicen: “la vida se tiene que vivir y así se tiene que intentar disfrutar”. Definitivamente ellos le sacan el mejor partido a todo.

No puedo dejar de lado el museo del ron, fue bastante divertido y al final del recorrido te dan una copa de Ron Habana Club 7 años que es una delicia y con solo un poquito ya estás de rumba otra vez. Ir al mercadito y aunque un negro te ofrezca el sol y la luna y te estafe, te divertiste tanto viendo al negro vendiendo que al final te das cuenta que no te estafaron que simplemente tuvieron astucia para venderte algo más caro de lo normal. Y tu ni cuenta te diste. O llegar a almorzar y encontrar que están cantando la canción de Hasta Siempre Comandante, que mayor emoción que oír la canción del Che en Cuba la tierra que lo hizo grande. O ir al museo de la revolución y encontrar la escultura en cera del Che y Camilo, para aquellos que somos revolucionarios de corazón eso nos mueve el alma. La Habana… la ciudad mágica, llena de contradicciones, de vida a pesar de su deterioro, de alegría a pesar de su tristeza, de riqueza a pesar su pobreza. La Habana… La ciudad más hermosa del Caribe que aún conserva su esencia.  

Seguí mi recorrido por Cuba y encontré en una ciudad a una Cubana revolucionaria hasta final. Una Guía turística que hace revolución enseñándole a Franceses que Cuba es más que miseria, que es un país lleno de valores que se deben aprender. Ella me invitó a unos rones y a un par de cervezas Bucanero mientras hablábamos de revolución. Ella siente rencor por Fidel, si… Fidel no es el mejor hombre del mundo porque por mantenerse en pie ha hecho cosas que han decepcionado a los cubanos y los han ofendido en lo más profundo de su ser. Pero Fidel es un líder que todos respetan y que hoy los cubanos a pesar de todo lloran por pensar que no lo van a volver a ver en el podio de la Plaza de la Revolución. Cubanos que a pesar de todo aun creen en su revolución y que por haber vivido todo lo que han vivido, la quieren mantener. No terminas entendiendo como lo hacen, y concluyes entonces que ellos son los verdaderos héroes de la revolución así no estén de acuerdo con el sistema que les tocó vivir. Los héroes no son El Che, ni Fidel, ni Camilo; los verdaderos héroes son el pueblo cubano que ha aguantado hambre, tristezas y siguen en pie dispuestos a regalarte una sonrisa. Eso es heroísmo, eso es vida, eso es amor.

Por mi recorrido por Cuba podría seguir escribiendo mil cosas y nunca terminaría de decir lo asombrada que estuve en ese país que parece se hubiera detenido en el tiempo, y donde la recursividad es la profesión básica de todos los días.

Cuando dejé Cuba desde el aeropuerto, sentía que una parte de mi alma se quedaba vagando por las calles de la Habana. Ese día el cielo cubano me regaló un hermoso amanecer de despedida, y me hizo recordar cada momento que había vivido bajo su cielo. Quería detener el tiempo y vivir un poco más mi sueño, pero era inevitable dejar aquel lugar que tanto me enseñó. Dejar ese país que huele a habano, cigarro y ron. Ese país que a pesar de todo sigue en pie y más vivo que nunca para seguir la lucha.

Ahora sí saben que tal me pareció Cuba, y porque fui tan feliz bajo su cielo.            

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